Las curules del 2011

Vox Populi │ Columna

  Por Aurelia Fierros

Las curules del 2011

El Congreso estadounidense que se inaugura en enero promete dos cosas: fuertes altercados en la discusión de la política tanto interna como externa, y poca cooperación bipartidista.

Con una Cámara de Representantes dominada por el poder republicano, se anticipa que éste llevará a sus delegados de ‘línea dura’ y mayormente conservadores al liderazgo de las comisiones y subcomisiones relacionadas a las  áreas de ‘fuego cruzado’ en el debate nacional.

El Congreso número 111 de mayoría demócrata cerró con el año y se lleva consigo algunos logros sobre una serie de medidas defendidas durante el periodo de sesiones posterior a las elecciones (conocido como ‘pato cojo’  o ‘lame-duck’ por encontrarse en periodo de transición y tener poca influencia política), incluyendo una importante iniciativa de ley sobre seguridad alimentaria, un enorme recorte de impuestos y una extensión de los beneficios de desempleo; la derogación del ‘No Preguntes No Digas” que afecta la participación de homosexuales y lesbianas en el ejército, la ratificación del nuevo tratado START con Rusia, y la aprobación de prestaciones médicas para los trabajadores rescatistas del 9/11.  Entre las iniciativas que quedaron en el tintero aparecen la reforma migratoria y el Acta de los Sueños (Dream Act), las que por cierto, ya se amenaza con sepultar indefinidamente.

Pero si hablamos de las tres grandes áreas legislativas en la agenda de la administración Obama, éstas se pueden resumir al estimulo económico, la reforma de salud y la regulación financiera. Esta triada de proyectos que provocaron tanta controversia, ha tenido y tendrá efectos a un largo plazo en la economía nacional.  

Y como todo tiene un costo político, tanto la legislatura que terminó como la administración Obama fueron enfrentadas por una feroz crítica.  El electorado evaluó al Congreso con la calificación más baja en la historia de las encuestas públicas y castigó con una ‘paliza’ al partido demócrata en las elecciones intermedias de noviembre. Por si ello fuera poco, el presidente Obama ha sido señalado por no saber identificar las prioridades nacionales, acusado de extremismo ideológico, de orquestar una intervención gubernamental sin precedentes en la economía y de deficiencias en la estrategia y tácticas legislativas.  Tanto el ejecutivo como el Partido Demócrata fueron fustigados por su presunta ‘falta de carácter’ frente a intereses privilegiados y por una sensibilidad muy pobre de cara a las prioridades y preocupaciones de la compleja sociedad estadounidense.

Así las cosas, en la Legislatura 111 se dio un período de polarización partidista que resultó en la percepción pública de un Congreso y un sistema político incapaces de resolver las prioridades nacionales. En consecuencia, se develó una nueva imagen del hombre que durante su campaña presidencial sorprendió por su elocuencia retórica y que, ya como presidente, no ha sido capaz de convencer en los hechos.

La postura republicana se puede resumir en tres axiomas: Gobierno pequeño.  Impuestos bajos.  Seguridad nacional.  De cara al 2011, el pronóstico es que la nueva mayoría republicana en la Cámara Baja y la disminución de las filas demócratas en el Senado dará la combinación exacta para permitir que la Centésimo Doceava Legislatura desacredite, retrase, debilite o incluso logre  anular muchas de las iniciativas propulsadas por la agenda de Obama, incluyendo la reforma de  salud y la regulación financiera que ya son el distintivo de su gestión.

Pero como en un partido de baseball, en política siempre puede haber sorpresas. El asunto es si el presidente Obama logrará diseñar y ejecutar en menos de dos años, una estrategia para la recuperación económica y fiscal -lo que le abriría la posibilidad de un segundo mandato; y si los republicanos podrán plantear iniciativas congruentes a la realidad estadounidense, rebasando los limites que les impone la defensa a ultranza de sus convicciones doctrinarias.

Desafortunadamente, los pronósticos basados en los recientes pronunciamientos y el desempeño camaral de republicanos y demócratas, son poco alentadores. Todo indica a que el Congreso servirá más como anfiteatro para una coreografía de desacuerdos rumbo a las elecciones de 2012, que para implementar nuevas legislaciones que beneficien a la ciudadanía. Claro, de darse un escenario tan conflictivo, surge la expectativa verosímil, de que durante los próximos dos años se emitan resoluciones propulsadas por un presidente que eche mano de sus facultades ejecutivas para destrabar las áreas cruciales de su agenda y de su mandato. Ese escenario que evoca al  autoritarismo gubernamental, es siempre indeseable pero a fin de cuentas, una realidad potencial, si Obama se ve acorralado. 

El 2011 en el Congreso puede ser todo, menos impredecible. La naturaleza de la política si lo es. Ahí están los posibles escenarios extremos.

Con todo lo que ello implica.

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